Camino de almendros

Nuestro cortijo se encuentra en plena campiña sevillana, dentro del término municipal de Écija, un lugar con historia, con un pasado cargado de significados que han configurado su presente y que siguen perfilando su futuro.

La ciudad y el entorno han sido desde la antigüedad lugares estratégicos, especialmente durante la época romana, en la que Astigi y el valle del Genil constituían un punto privilegiado de la Vía Augusta. A través del cauce del río, la región, surtía de aceite de oliva a todo el Imperio Romano, incluida su capital, Roma. Las ánforas utilizadas para transportar el aceite nunca fueron devueltas, se depositaron en un monte romano llamado en la actualidad Monte Testaccio, así que un pedacito de Écija descansa en la capital italiana… pasado y presente se funden en esta región, que aun hoy sigue siendo el mayor exportador de aceite de oliva a todo el mundo.

Durante la época árabe la ciudad es conocida como Madinat al-qutn, “la ciudad del algodón” y tras su reconquista comenzará un tremendo desarrollo que culminará con su máximo esplendor en el siglo XVIII, siglo de oro ecijano denominado así por su riqueza económica y artística. Durante esta época adquiere importancia en la comarca la cría de caballos de pura raza española, que se mantiene hoy en día muy presente en la región y en especial en nuestro cortijo.

Écija es considerada cuna del barroco andaluz, con ejemplos de ello como la Torre de San Juan, o la Iglesia de la pura y limpia concepción de Maria recientemente restaurada.

Tras algunas épocas con altos niveles de emigración, Écija resurge renovada y se constituye hoy en día como un enclave maravilloso para visitar, famosa por su grandísimo patrimonio artístico (declarada Conjunto Histórico-Artístico en el año 1966) y su entorno de olivar, trigo, naranjos amargos, jazmines, adelfas, eucaliptos… sin duda alguna un marco perfecto para nuestro cortijo.